¿Podemos reducir la influencia de los sesgos cognitivos en nuestras decisiones profesionales?

Reducir sesgos cognitivos en nuestras decisiones profesionales constituye un desafío importante en Trabajo Social. Conocer su existencia es fundamental, pero no garantiza que dejemos de estar influidas por ellos.

En Trabajo Social, donde las valoraciones profesionales pueden tener consecuencias significativas para las personas, comprender cómo construimos nuestras conclusiones constituye una parte fundamental del ejercicio profesional.

En el ámbito pericial, donde nuestras conclusiones llegan al órgano judicial, esta exigencia adquiere una relevancia todavía mayor.

¿Hasta qué punto somos conscientes de los factores que influyen en nuestras decisiones?

La experiencia profesional no nos hace inmunes a los sesgos cognitivos

La práctica del Trabajo Social implica interpretar información, analizar situaciones complejas y tomar decisiones en contextos donde no siempre disponemos de todos los datos.

A lo largo de su trayectoria, las profesionales desarrollan conocimientos, habilidades y criterios que les permiten identificar situaciones, reconocer patrones y responder ante escenarios diversos. La experiencia constituye, por tanto, un recurso valioso para el ejercicio profesional.

Sin embargo, tener experiencia no implica que nuestros procesos de razonamiento estén libres de influencias cognitivas.

De hecho, la creencia de que la pericia protege frente al sesgo ha sido descrita como una de las falacias más extendidas entre las personas expertas en contextos forenses (Dror, 2020).

Las primeras impresiones, las expectativas, la información recibida previamente o las hipótesis que elaboramos pueden orientar nuestra atención hacia determinados elementos y afectar a la interpretación de otros.

Esto no implica necesariamente una falta de competencia profesional. Responde, en parte, a características habituales del procesamiento humano de la información.

La cuestión relevante es comprender qué consecuencias pueden tener estos procesos en nuestras valoraciones.

Cuando una interpretación inicial condiciona el análisis posterior

Imaginemos que una profesional comienza una valoración después de consultar varios informes anteriores. En ellos se describe una situación familiar como especialmente conflictiva.

Durante las entrevistas posteriores aparecen datos que parecen coincidir con esa descripción inicial, pero también otros que podrían cuestionarla o introducir explicaciones alternativas.

¿Qué información recibirá mayor atención?

¿Se analizarán con el mismo detenimiento los elementos que confirman la valoración previa y aquellos que podrían modificarla?

En la evaluación pericial, la información previa puede desempeñar un papel especialmente relevante. Antes de realizar las entrevistas, la profesional puede haber accedido al expediente judicial, a los escritos de las partes y a informes anteriores.

Además, el propio contexto contradictorio puede influir en la valoración.

En un experimento con 108 profesionales de la psicología y la psiquiatría forense, quienes creían trabajar para la acusación asignaron puntuaciones de riesgo más altas a los mismos casos que quienes creían trabajar para la defensa (Murrie et al., 2013).

Aunque este estudio no se realizó con profesionales del Trabajo Social, sus resultados plantean interrogantes relevantes para otros ámbitos de evaluación pericial.

Estas dificultades también han sido estudiadas específicamente en Trabajo Social.

Munro (1999), a partir del análisis de informes de investigación sobre casos de maltrato infantil, identificó errores de razonamiento recurrentes en las valoraciones profesionales. Entre ellos destacaba la dificultad para revisar una valoración inicial ante información nueva.

Posteriormente, Spratt et al. (2015), mediante un estudio con 202 profesionales del Trabajo Social de Irlanda del Norte, identificaron formas de razonamiento compatibles con la interpretación selectiva de información para respaldar hipótesis previamente establecidas.

Ambas investigaciones se desarrollaron en el ámbito de la protección infantil, pero plantean interrogantes relevantes sobre la construcción del juicio profesional en otros contextos, incluido el forense.

La información no siempre se interpreta de manera independiente de las ideas que ya tenemos sobre una situación.

Por ello, resulta importante diferenciar entre los datos disponibles, las interpretaciones que elaboramos y las conclusiones a las que finalmente llegamos.

¿Es suficiente con conocer nuestros sesgos?

La divulgación sobre sesgos cognitivos ha contribuido a que conceptos como el sesgo de confirmación sean cada vez más conocidos.

Sin embargo, identificar un sesgo o conocer su definición no equivale necesariamente a disponer de recursos suficientes para reducir su influencia.

Suponer que basta con saber que el sesgo existe para controlarlo mediante la voluntad es otra de las falacias descritas en la literatura sobre pericia experta (Dror, 2020).

En una revisión sistemática publicada en Research on Social Work Practice, Featherston et al. (2019) analizaron intervenciones destinadas a mitigar sesgos cognitivos en la toma de decisiones de profesionales del Trabajo Social.

La revisión identificó únicamente cuatro estudios pertinentes: tres sobre decisiones diagnósticas en salud mental y uno sobre decisiones de reunificación familiar.

Su heterogeneidad impidió realizar un metaanálisis y los resultados fueron dispares. El estudio que evaluó la estrategia de «considerar lo contrario», por ejemplo, no mostró efectos sobre las decisiones.

El equipo investigador destacó la necesidad de ampliar la investigación sobre estrategias para reducir los sesgos en la práctica profesional.

Este hallazgo introduce una consideración importante:

No todas las estrategias destinadas a reducir los sesgos cuentan con el mismo respaldo empírico.

Por tanto, abordar esta cuestión requiere algo más que conocer conceptos. También exige analizar críticamente los procedimientos mediante los que elaboramos y revisamos nuestras valoraciones.

El papel de la reflexión crítica en la práctica profesional

El juicio profesional no consiste únicamente en reunir información y formular una conclusión. También implica examinar cómo se ha llegado a ella.

En Trabajo Social, la reflexión crítica permite cuestionar interpretaciones que podrían haberse asumido de manera automática y considerar otras explicaciones posibles.

Preguntarnos por qué concedemos mayor importancia a determinados datos, qué información podría contradecir nuestras hipótesis o qué elementos todavía desconocemos puede ayudarnos a hacer más explícito nuestro razonamiento.

La reflexión, sin embargo, no debería entenderse exclusivamente como un ejercicio individual.

Los espacios de supervisión, contraste profesional y análisis compartido también pueden contribuir a revisar las interpretaciones desde perspectivas diferentes.

Una revisión sistemática en el ámbito de la protección a la infancia encontró principalmente estudios transversales, con asociaciones positivas pero débiles para las profesionales y las organizaciones (Carpenter et al., 2013).

En este sentido, reflexionar sobre nuestras decisiones no significa cuestionar permanentemente nuestra competencia, sino reconocer que el juicio profesional necesita revisión y fundamentación.

De la buena intención al rigor metodológico

Las profesionales del Trabajo Social desarrollan su actividad desde principios éticos, conocimientos especializados y responsabilidades vinculadas al bienestar y los derechos de las personas.

No obstante, la intención de actuar correctamente no elimina por sí sola las dificultades que pueden aparecer durante el razonamiento profesional.

Una valoración rigurosa requiere prestar atención tanto a la información utilizada como al proceso mediante el que se interpreta.

Esto adquiere especial relevancia en situaciones donde las decisiones pueden influir en el acceso a recursos, las medidas de protección, las relaciones familiares o las condiciones de vida de las personas.

En el ámbito pericial, además, nuestras conclusiones pueden contribuir a fundamentar una resolución judicial.

Reconocer los límites de nuestro propio razonamiento no debilita el criterio profesional. Por el contrario, puede favorecer una práctica más consciente de sus fundamentos y de la necesidad de justificar las conclusiones alcanzadas.

La buena intención no sustituye al método.

Hacia una toma de decisiones más consciente y fundamentada

¿Podemos reducir la influencia de los sesgos cognitivos en nuestras decisiones profesionales?

La investigación disponible muestra que existen estrategias orientadas a mitigar determinados errores de razonamiento, aunque la evidencia específica sobre su eficacia en Trabajo Social continúa siendo limitada.

Por ello, no podemos hablar de fórmulas universales capaces de eliminar los sesgos.

Sin embargo, sí podemos plantearnos una cuestión fundamental:

¿Disponemos de procedimientos suficientes para identificar y revisar las interpretaciones que construimos durante nuestra práctica profesional?

La experiencia y los conocimientos especializados son esenciales, pero también lo es comprender cómo influyen nuestras expectativas, hipótesis previas y procesos de razonamiento en las conclusiones que alcanzamos.

En contextos especialmente sensibles, como la evaluación pericial, esta reflexión adquiere una relevancia particular.

No solo importa lo que sabemos; también cómo hemos llegado a creer que lo sabemos.

Próximamente: formación especializada en sesgos cognitivos

Desde el Instituto de Evaluación Forense estamos preparando el taller online «Sesgos cognitivos y toma de decisiones en la práctica profesional del Trabajo Social».

Una formación orientada a profundizar en cómo intervienen los sesgos cognitivos en el juicio profesional y a examinar, desde una perspectiva aplicada y fundamentada en la investigación, las posibilidades y limitaciones de las estrategias destinadas a reducir su influencia.

Próximamente compartiremos el programa, la fecha y las condiciones de inscripción.

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Referencias bibliográficas

Carpenter, J., Webb, C. M., y Bostock, L. (2013). The surprisingly weak evidence base for supervision: Findings from a systematic review of research in child welfare practice (2000–2012). Children and Youth Services Review, 35(11), 1843–1853. https://doi.org/10.1016/j.childyouth.2013.08.014

Dror, I. E. (2020). Cognitive and human factors in expert decision making: Six fallacies and the eight sources of bias. Analytical Chemistry, 92(12), 7998–8004. https://doi.org/10.1021/acs.analchem.0c00704

Featherston, R. J., Shlonsky, A., Lewis, C., Luong, M.-L., Downie, L. E., Vogel, A. P., Granger, C., Hamilton, B., y Galvin, K. (2019). Interventions to mitigate bias in social work decision-making: A systematic review. Research on Social Work Practice, 29(7), 741–752. https://doi.org/10.1177/1049731518819160

Munro, E. (1999). Common errors of reasoning in child protection work. Child Abuse & Neglect, 23(8), 745–758. https://doi.org/10.1016/S0145-2134(99)00053-8

Murrie, D. C., Boccaccini, M. T., Guarnera, L. A., y Rufino, K. A. (2013). Are forensic experts biased by the side that retained them? Psychological Science, 24(10), 1889–1897. https://doi.org/10.1177/0956797613481812

Spratt, T., Devaney, J., y Hayes, D. (2015). In and out of home care decisions: The influence of confirmation bias in developing decision supportive reasoning. Child Abuse & Neglect, 49, 76–85. https://doi.org/10.1016/j.chiabu.2015.01.015

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