Sesgos cognitivos en Trabajo Social: cómo pueden influir en nuestras decisiones profesionales
Tomar decisiones forma parte de la práctica profesional del Trabajo Social.
Valoramos situaciones, seleccionamos información relevante, realizamos entrevistas, formulamos hipótesis, estimamos necesidades o riesgos, proponemos intervenciones y elaboramos conclusiones profesionales.
Pero entre la información que recibimos y la decisión que finalmente adoptamos se produce un proceso que no siempre resulta visible: interpretamos.
Y esa interpretación no depende únicamente de los datos que tenemos delante.
Nuestra experiencia, los conocimientos adquiridos, las expectativas previas, el contexto en el que trabajamos o la información que hemos recibido anteriormente pueden intervenir en la forma en la que prestamos atención, interpretamos y valoramos una situación.
Esto plantea una pregunta especialmente relevante para la práctica profesional:
¿Tomamos decisiones de forma tan objetiva como creemos?
Decidir en contextos de complejidad e incertidumbre
La toma de decisiones en Trabajo Social no suele producirse en escenarios simples.
Especialmente en ámbitos como la intervención con familias, niñas, niños y adolescentes, las profesionales pueden tener que realizar valoraciones complejas utilizando información incompleta, contradictoria o incluso inexacta. Además, factores personales y organizativos pueden influir en sus percepciones y en el proceso de decisión (De Bortoli y Dolan, 2015).
Esto no significa que las decisiones profesionales sean arbitrarias.
La formación, la experiencia, los procedimientos de evaluación, el contraste de fuentes y el conocimiento especializado proporcionan herramientas fundamentales para analizar situaciones complejas.
Sin embargo, disponer de experiencia y conocimiento profesional no significa que nuestro razonamiento quede al margen de los procesos cognitivos propios de cualquier persona.
Precisamente por eso resulta interesante estudiar cómo construimos nuestros juicios profesionales y cómo llegamos a determinadas decisiones.
¿Qué son los sesgos cognitivos?
Cuando debemos interpretar información o tomar decisiones, nuestro cerebro no analiza necesariamente cada situación partiendo de cero.
Utilizamos mecanismos que permiten simplificar problemas complejos, reconocer patrones y realizar juicios con mayor rapidez.
Tversky y Kahneman (1974) mostraron cómo, en situaciones de incertidumbre, las personas recurrimos a determinadas heurísticas —como la representatividad, la disponibilidad o el anclaje— que pueden resultar eficientes, pero que también pueden producir errores sistemáticos y previsibles en nuestros juicios.
Es aquí donde entramos en el terreno de los sesgos cognitivos.
Podemos entenderlos, de manera general, como tendencias sistemáticas que pueden influir en la forma en que procesamos información, realizamos juicios o tomamos decisiones.
Lo importante es comprender que tener sesgos no es sinónimo de falta de formación, incompetencia o mala praxis.
Son procesos vinculados al funcionamiento cognitivo humano.
La cuestión profesional, por tanto, no consiste en asumir que podemos eliminar completamente cualquier influencia sobre nuestro razonamiento, sino en comprender mejor cómo pensamos cuando valoramos y decidimos.
Cuando la información no habla por sí sola
Pensemos en una situación hipotética.
Antes de realizar una entrevista, una profesional recibe información previa en la que se describe a una persona como «conflictiva y poco colaboradora».
Durante la entrevista, esa persona responde de forma defensiva a algunas preguntas.
Es posible que ese comportamiento resulte relevante para la valoración.
Pero también podemos formularnos otra pregunta:
¿Interpretaríamos exactamente de la misma manera esas respuestas si no hubiéramos recibido previamente aquella descripción?
La pregunta no pretende demostrar que la primera interpretación sea necesariamente incorrecta.
Lo que pone de manifiesto es algo diferente: la información no siempre es interpretada de manera completamente independiente del contexto en el que la recibimos.
Aquello que sabemos previamente, nuestras primeras hipótesis o determinados elementos del caso pueden influir en qué información consideramos más relevante y en cómo la integramos posteriormente.
Por eso, el estudio de la toma de decisiones profesionales no se limita a analizar cuál fue la decisión final.
También interesa comprender qué información utilizó la profesional, qué peso concedió a cada elemento y cómo fundamentó su conclusión.
Dos profesionales ante una misma situación
La investigación en Trabajo Social y protección infantil lleva décadas estudiando precisamente estos procesos.
Shapira y Benbenishty (1993), por ejemplo, analizaron los juicios de 28 trabajadoras sociales experimentadas mediante 120 situaciones simuladas de posible maltrato y negligencia infantil. Las profesionales debían valorar el riesgo y proponer una intervención. El estudio permitió observar cómo distintas señales o elementos de información contribuían a explicar las valoraciones de riesgo y las decisiones de intervención de las participantes.
Tras modelar por separado los juicios de cada participante, los análisis de conglomerados identificaron dos patrones diferenciados (metamodelos) tanto en la valoración del riesgo como en la elección de la intervención. Es decir, entre las participantes no apareció un único modelo de juicio.
Posteriormente, Osmo y Benbenishty (2004) estudiaron no solo las decisiones adoptadas, sino también cómo se justificaban. Presentaron un caso a 52 trabajadoras sociales y 50 personas no profesionales y les pidieron que valoraran el riesgo, recomendaran una intervención y explicaran detalladamente su razonamiento.
Las trabajadoras sociales elaboraron argumentos más completos y recurrieron en mayor medida a teoría, experiencia y políticas profesionales para fundamentar sus juicios. Sin embargo, el estudio también observó que prestaban muy poca atención a la refutación de sus propios argumentos y que no recurrían a la evidencia de investigación para sostenerlos, y abordó las implicaciones formativas de este hallazgo.
Este último aspecto resulta especialmente interesante.
La calidad del razonamiento profesional no depende únicamente de alcanzar una conclusión, sino también de nuestra capacidad para explicar, contrastar y revisar el camino que nos ha llevado hasta ella.
La toma de decisiones también depende del contexto
Las decisiones profesionales tampoco se producen aisladas del entorno en el que trabaja la profesional.
El modelo Judgments and Decisions Processes in Context (JUDPiC) ha permitido estudiar los procesos de juicio y decisión en protección infantil considerando diferentes elementos relacionados con el caso, la profesional, la organización y el contexto más amplio.
Investigaciones desarrolladas bajo este modelo han comparado decisiones ante situaciones de posible maltrato en países como Israel, Países Bajos, Irlanda del Norte, Portugal y España, poniendo de manifiesto la relevancia de estudiar la variabilidad de los juicios y decisiones profesionales dentro de su contexto (López López y Benbenishty, 2021).
Esto introduce una idea fundamental:
Una decisión profesional no surge únicamente de los datos disponibles. Surge de un proceso de interpretación y valoración que se desarrolla en un contexto determinado.
Hacer visible ese proceso puede ayudarnos, por tanto, a comprender mejor nuestra propia práctica.
Experiencia e intuición: necesarias, pero no infalibles
La experiencia profesional tiene un enorme valor.
Con el tiempo desarrollamos conocimientos, identificamos patrones con mayor rapidez y podemos reconocer elementos relevantes que quizá pasarían inadvertidos para una persona sin experiencia.
Por tanto, el objetivo no debería ser sustituir automáticamente la intuición profesional por procedimientos rígidos.
De Bortoli y Dolan (2015) analizan precisamente la relación entre formas intuitivas y analíticas de procesamiento en la toma de decisiones en Trabajo Social con familias, niñas, niños y adolescentes. Las autoras señalan que ambos modos de procesamiento pueden funcionar conjuntamente y examinan herramientas destinadas a favorecer decisiones más estructuradas, transparentes y capaces de manejar la incertidumbre.
Por eso, plantear la existencia de sesgos cognitivos no supone cuestionar el valor de la experiencia.
Supone reconocer que experiencia, conocimiento y revisión crítica del propio razonamiento pueden y deben convivir.
Del dato a la decisión
Podemos representar de forma muy simplificada parte del proceso profesional así:

La realidad, naturalmente, es mucho más compleja y el proceso no siempre es lineal.
Pero este esquema permite visualizar algo importante: entre recibir información y tomar una decisión existen diferentes momentos en los que seleccionamos, organizamos e interpretamos aquello que conocemos.
Por eso merece la pena preguntarnos:
- ¿Qué información ha recibido más peso en mi valoración?
- ¿He considerado datos que contradicen mi primera hipótesis?
- ¿Estoy interpretando una conducta a partir de una expectativa previa?
- ¿He considerado explicaciones alternativas?
- ¿Qué información podría hacerme modificar mi conclusión?
Estas preguntas no pretenden convertir cada decisión en un proceso interminable.
Su función es otra: ayudarnos a observar nuestro propio razonamiento.
Pensar sobre cómo pensamos también forma parte de la práctica profesional
Reconocer que podemos estar expuestas a sesgos cognitivos no debilita el juicio profesional.
Puede hacer exactamente lo contrario.
Nos permite incorporar una nueva dimensión a la práctica reflexiva: no revisar únicamente qué hacemos, sino también cómo estamos pensando cuando lo hacemos.
La investigación sobre toma de decisiones en Trabajo Social muestra que analizar los juicios profesionales, las razones utilizadas para fundamentarlos y los factores contextuales que intervienen en ellos constituye un campo relevante para comprender y mejorar la práctica profesional (De Bortoli y Dolan, 2015; López López y Benbenishty, 2021; Osmo y Benbenishty, 2004; Shapira y Benbenishty, 1993).
Así pues, el primer paso podría ser sustituir una pregunta:
«¿Soy suficientemente objetiva?»
por otra mucho más útil:
«¿Qué puede estar influyendo en la forma en la que estoy interpretando esta situación y tomando esta decisión?»
Una cuestión que seguiremos explorando
Durante las próximas semanas, desde el Instituto de Evaluación Forense, seguiremos profundizando en la relación entre sesgos cognitivos, razonamiento y toma de decisiones en la práctica profesional del Trabajo Social.
Analizaremos situaciones que pueden aparecer en la práctica y nos detendremos en una cuestión especialmente importante:
Si conocer nuestros sesgos no hace que desaparezcan, ¿qué podemos hacer para reducir su influencia en nuestras decisiones profesionales?
Mejorar la toma de decisiones empieza por comprender mejor cómo decidimos.
Instituto de Evaluación Forense
Formación · Investigación · Desarrollo profesional
¿Quieres seguir las publicaciones del Instituto?
Suscríbete a nuestra newsletter para recibir nuevos artículos, recursos y novedades sobre formación, investigación y práctica forense.
Referencias
De Bortoli, L., y Dolan, M. (2015). Decision making in social work with families and children: Developing decision-aids compatible with cognition. The British Journal of Social Work, 45(7), 2142–2160.
López López, M., y Benbenishty, R. (2021). Lessons learned from international studies on child protection decision-making employing the model of Judgments and Decisions Processes in Context (JUDPiC). En J. D. Fluke, M. López López, R. Benbenishty, E. J. Knorth y D. J. Baumann (Eds.), Decision-making and judgment in child welfare and protection: Theory, research, and practice (pp. 136–148). Oxford University Press.
Osmo, R., y Benbenishty, R. (2004). Children at risk: Rationales for risk assessments and interventions. Children and Youth Services Review, 26(12), 1155–1173.
Shapira, M., y Benbenishty, R. (1993). Modeling judgments and decisions in cases of alleged child abuse and neglect. Social Work Research and Abstracts, 29(2), 14–19.
Tversky, A., y Kahneman, D. (1974). Judgment under uncertainty: Heuristics and biases. Science, 185(4157), 1124–1131.
